Etiquetas

,

     Como sabéis, los Estudios son obras a medio camino entre los ejercicios técnicos y las obras. Suelen ayudarnos a adquirir cierta técnica: escalas, arpegios, notas dobles, velocidad… pero de una forma amena.
Desde el comienzo de la enseñanza pianística los compositores vieron esta necesidad y algunos como Clementi, Czerny, Cramer o Bertini entre otros, tienen multitud de ellos. Pero quizás si tenemos que nombrar a alguno que llegó a conseguir estudios para un nivel elemental pero con una gran calidad musical debemos hablar de J. F. F. Burgmüller.

Johann Friedrich Franz Burgmüller (Ratisbonne 1806 – Beaulieu 1874) trabajó bajo la dirección de su padre, Augusto Federico. Establecido en París a partir de 1832 como profesor de piano, destacó por una fecundidad extraordinaria en la composición musical de salón y produjo además hasta dos ballets totalmente olvidados hoy. Por el contrario sus cuadernos de estudios op. 73, 100, 105 y 109 han conservado su utilidad pedagógica para los grados elemental y medio y continúan siendo justamente apreciados. El nombre de Burgmüller fue sobre todo famoso gracias a su hermano Norberto (1810-1836) que habiendo sido alumno de Spohr y de Hauptmann, supo conquistar con sus sinfonías, su música de cámara y sus canciones un lugar de honor en la escuela romántica alemana de los discípulos de Spohr.

     Hoy os traemos una versión de los Estudios del libro op. 100 que están trabajando nuestros alumnos por orden de aparición: Arabescos, Graciosa, Balada, Tarantella y La Golondrina.

     Os animamos a que las escuchéis y si queréis dejaros llevar por Youtube en busca de diferentes versiones que es un ejercicio único para crear nuestra idea estética de la obra (cómo nos imaginamos en nuestra mente la obra perfecta, el ideal al que queremos llegar.

Esperamos que os haya gustado y dejad vuestros comentarios.